jueves, 24 de marzo de 2011

INFANCIA DE LA LOBA


1.
no es que él no fuera recio, sino que su dulzura
prevalecía sobre el resto & cantaba
& se inclinaba & contaba cuentos casi olvidados
a los niños en sus brazos

para qué sirve un hombre
sino para cruzarlo como un puente de hierro
para qué, sino para
anudar el cielo con el cielo


2.
sus manos
se cierran en torno a los barrotes, como se cerraron
sobre el espíritu de su esposa y rompieron
la gargantilla de coral, aquí la llama
chispea bajo, no es que él haya olvidado
el cielo que desgarra su costado
como una flecha.


3.
golpeando & golpeando contra la bóveda del cielo
se eleva el tejado de lapislázuli sobre el turquesa & el jade
& el jade más intenso, encendidos todos en el pilar secreto
de marfil o de asta, volviéndose irregulares
mientras el cuerno del carnero golpea la oscuridad & la desesperanza

le devuelve el grito al sol que nace.


4.
la luna se desliza sobre la textura de musgo
de la pena; el liquen fosforece
áspero en la oscuridad
donde los demonios danzan, fruto amargo
& fuera de estación, arrancado
aunque nadie lo pida, arrancado
donde los árboles blancos brillan en lo oscuro
donde el venado
come el pasto seco a través de la nieve.


5.
él tartamudea y escupe vino
a las flores blancas, estrellas de la oscuridad,
pisotea los helechos antiguos
su voz
tironea de tu mente como las sirenas,
sus ojos
aplastan tu corazón como los cascos ebrios de los faunos
en un Sabbat lluvioso.
su aliento explota; luz roja & humo negro después
de la conmoción, caés.
no es que sea violento, pero las plegarias
que le escribe a la ley se inspiraron en otro planeta
un espacio-tiempo distinto donde el aire morado
tejía sueños alrededor de ocho soles.





Versión en castellano de Sandra Toro

©DIANE DI PRIMA (LOBA, Penguin Books, 1998).