Delicia, la carne que ofrenda como un raro y
suculento manjar del asador, sus ojos brillan
en tu estudio, a través de las cartas antiguas y
sagradas
la vela arde. Presencia
profana perfecta, ventana ciega
abierta al vacío como si
la tierra hubiese rodado por fin
más allá de las estrellas.
*
Rodás, a la deriva entre sábanas sucias como un barco
en un mar de
pegamento; lanzada
de sueño en sueño turbio en un cuarto
donde no entra la mañana.
¡Oh Lil! La manzana en tu mano, al menos
al pudrirse hubiera perdurado
haciéndose semilla.
Versión en castellano de Sandra Toro
©DIANE
DI PRIMA (LOBA, Penguin Books, 1998).
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